Desafortunadamente, no se puede entender el ser y sentir trans sin conocer la violencia que este concepto tiene adherido a sus tacones. Una violencia agresiva e intimidatoria que huele a prejuicios, y que mancha el vestido de quien la sufre. Un tipo de agresión estructurada y estructural que adormece y limita la vida de sus protagonistas.
La discriminación hacia este grupo es ejercida por múltiples agentes a través de diferentes instrumentos de opresión. Mientras que estas herramientas son precisas (violencia verbal, psicológica, física/sexual y estructural/social), los agentes opresores son heterogéneos, esquivos y de doble moral.
Más allá de la violencia explícita que sufren estas mujeres, existe un tipo de agresión aún más abrasiva y menos perceptible: la estructural. Esta opresión es fruto de los estándares socioculturales que impregnan en cada uno de nosotros lo correcto y lo vicioso, lo posible y lo cuestionable, lo deseado y lo evitado. Es la que impide la inclusión de las protagonistas en los ambientes laborales y espacios de socialización normativos. De igual manera, es la que impone a las mujeres y hombres transexuales ajustar el cuerpo a su identidad, sometiéndose a peligrosas y anorgásmicas cirugías de reasignación sexual y autoadministración hormonal, convirtiéndose así la transformación y el anhelo de belleza en el centro de su existencia.
Este tipo de agresión se materializa por una concepción dualista e incompatible de la sexualidad (masculina/femenina) y del género (hombre/mujer); un mecanismo simplificador que no refleja la naturaleza compleja de los seres humanos ni de sus relaciones, y que expulsa del sistema, porra en mano, a todas aquellas realidades que difieren del estándar.
Es nuestra responsabilidad informarnos sobre la cuestión trans, mostrar una mayor cercanía e interés, no etiquetar, y sobre todo, reconocer y respetar los deseos y motivaciones de estos protagonistas que nos plantean una forma más rica y diversa de entender los cuerpos, el género y la identidad.
(Fotografía de Marisa Matthew Stradling)
Alejandro Peñalba Gómez
Psicólogo y terapeuta en Madrid